Entrevista a Alejandro Vera

Entrevista a Alejandro Vera

Alejandro Patricio Vera Aguilera

Nació en Concepción, Chile, en 1975. Empezó a estudiar guitarra a los 13 años. Obtuvo su Licenciatura en Educación Musical en 1997 en la Universidad de Concepción, recibiendo además el «Premio Universidad» que distingue al mejor alumno de cada carrera. Además formó parte de la Camerata Universitaria, un conjunto de música antigua.

En 1998 obtuvo la beca Presidente de la República de Chile para cursar el Doctorado en Historia y Ciencias de la Música de la Universidad Autónoma de Madrid, España. Se doctoró en octubre de 2001 con la calificación de «sobresaliente cum laude» por unanimidad con su tesis doctoral sobre Música profana del siglo XVII, El Libro de Tonos Humanos de la Biblioteca Nacional de Madrid estudio del manuscrito, que al año siguiente obtuvo el premio “Emilio Pujol”. 

Actualmente es profesor del Instituto de Música de la Pontificia Universidad Católica de Santiago de Chile y uno de los más reconocidos musicólogos e investigadores especializados en la recuperación de música de los siglos XVII y XVIII de Chile, Perú y España.

El año pasado recibió el importante Premio de Musicología Casa de Las Américas 2018, por su trabajo sobre la vida musical en Santiago durante el periodo colonial, desde su fundación en 1541 hasta 1810.

Actualmente además es el director de la Revista de investigación musical Resonancias de la Facultad de Artes de la Pontificia Universidad Católica de Chile y miembro de la Sociedad Chilena de Musicología, entre otras.

Entrevista:

H50MUAM. ¿Cómo supo del programa de doctorado en la Universidad Autónoma de Madrid?

A. Si no me equivoco, fue a través de mi padre, quien estaba a cargo en esos años de la Dirección de Asuntos Internacionales de la Universidad de Concepción. Por el cargo que él tenía, manejaba bastante información acerca de programas de postgrado en el extranjero. Yo estaba por egresar de la carrera y me interesaba hacer un doctorado en musicología en España, así que le pedí datos al respecto. Por cierto, estos eran difundidos entre todos los estudiantes de la universidad, pero, por mi relación con él, yo los tuve un poco más a mano. De esa forma me enteré de que existían programas en Barcelona, Oviedo, Granada y Madrid. Finalmente opté por la UAM, por el prestigio de la institución y porque pensé que, al estar el programa a cargo de un músico práctico como José Peris Lacasa, habría más espacio para mis intereses, que en ese momento se inclinaban hacia el lado del análisis musical.

H50MUAM. ¿Durante los años que estuvo haciendo el doctorado, qué le aportó la UAM?

A. Muchísimas cosas. Tuve profesores de gran prestigio, como Enrico Fubini, José Vicente González Valle o Maricarmen Gómez Muntané, por mencionar solo algunos. Al no contar con formación musicológica previa, los contenidos me parecían tan interesantes como difíciles por su novedad. En los cursos de estos y otros profesores aprendí notación, crítica de fuentes y a valorar el contexto como herramienta para comprender la cultura musical del pasado. De todas formas, dado que los cursos estaban organizados como seminarios breves sobre temas diversos, gran parte del aprendizaje más específico tenía lugar durante el período de realización de la tesis. Y en ese punto, el hecho de estar en Madrid y tener acceso a fuentes invaluables, tanto musicales como históricas, constituía una experiencia riquísima. Además, me vi beneficiado por la posibilidad de contar con un codirector de tesis ajeno a la universidad, como Álvaro Torrente, de quien aprendí también mucho. En este sentido, fue una suerte que tanto la universidad como mi director, el profesor Peris, tuviesen la flexibilidad suficiente para que ese tipo de colaboración pudiese darse.

H50MUAM. Trabajando como docente en una universidad, ¿qué percepción tiene de los estudios universitarios de música actuales?

A. Para ser sincero, mi percepción es de dulce y agraz. Pienso que hay aspectos en los que estamos mejor que en aquella época. Hay más gente estudiando o con estudios de postgrado en la disciplina, al menos en mi país, lo que hace que la comunidad musicológica crezca y sin duda es positivo. Al mismo tiempo, la digitalización de fuentes en la web facilita enormemente el que uno pueda investigar la música que excede a su ámbito local y, de esa forma, tenga una perspectiva más amplia. Por otro lado, sin embargo, la universidad actual –hablo en general, no solo en Chile y España— esta cada vez más dominada por una mentalidad gerencial, para la cual la estandarización pareciera ser un fin más que un medio. Desde esta mentalidad, los contenidos se reducen a eslóganes y pierden la profundidad que uno esperaría para el ámbito académico. Además, el antiguo profesor-investigador acaba convertido en una suerte de profesor-investigador-burócrata, que no tiene el tiempo suficiente para reflexionar e investigar, requisito indispensable para luego publicar textos que tengan algún valor. Pero esto es comprensible: cada época y cultura tiene sus virtudes y problemas.

H50MUAM. ¿Cómo surge su interés en la investigación de la música antigua?

A. Hay algo relacionado con el gusto que es difícil de explicar. Cuando tenía 16 años, uno de mis amigos músicos me prestó un casete que contenía parte del libro 1 del Clave bien temperado de J. S. Bach, ejecutado por Gustav Leonhardt. Pensé que era lo más hermoso que había oído en mi vida. Luego, cuando tenía 19, creo, compré un disco con música para laúd de Francesco da Milano, tocada por Christopher Wilson, y tuve la misma sensación. Es decir, desde bastante joven me he sentido inclinado por la música clásica de los siglos XVI a XVIII, sin que sepa por qué. Entonces, cuando comencé a interesarme por la musicología, siempre tuve claro que mi prioridad era investigar la música de aquella época.

H50MUAM. ¿Qué momento o momentos considera han sido fundamentales en su trabajo?

A. Varios. Quizá el primero tuvo lugar en mayo de 2000, cuando asistí en Valencia a un congreso titulado “Música y cultura urbana en la Edad Moderna”. Por vez primera, pude presentar mi trabajo ante parte de la comunidad de musicólogos, tuve una buena recepción y sentí que iba por el camino correcto. Luego, la defensa de la tesis en octubre de 2001. En el tribunal estaban González Valle y Alfredo Vicent, entre otros, y se mostraron muy entusiastas con las aportaciones que la tesis contenía. Posteriormente ha habido aún más. Desde luego, distinciones, como el Premio Casa de las Américas y otros que he recibido, son importantes. Pero los momentos más bellos se producen cuando uno descubre datos o ideas que llevaba tiempo persiguiendo: por ejemplo, cuando encontré los primeros documentos sobre el guitarrista Santiago de Murcia en Madrid (2008); cuando escribí el grueso de mi próximo libro y cada nuevo apartado me llevaba a vislumbrar nuevos aspectos sobre la cultura musical del Santiago de Chile colonial (2016); y más recientemente, cuando hallé un documento que buscaba en Lima y me permitió comprender el sentido de un cargamento de música que fue enviado desde España a la catedral Metropolitana en 1690 (2019). Son momentos de una felicidad indescriptible, para cualquier investigador. El descubrimiento, en sus múltiples sentidos, sigue siendo un motor de investigación fundamental.

H50MUAM. ¿Qué piensa que caracteriza a un buen musicólogo?

A. Esto es discutible, pero, desde mi punto de vista, algunas de sus características serían: una formación musical sólida y sistemática; pasión tanto por la música como por la investigación; interés por todo aquello que vincule el campo musical con otros campos, como la historia, la antropología o la sociología; y un buen nivel de escritura (desde luego, sin pretender emular a Cervantes). Probablemente se me escapen otras. Además, estoy consciente de que en esto hay diversas opiniones y de que ha habido personas que, sin tener todas las características señaladas, han hecho aportaciones relevantes a la musicología. Pero ese es más o menos mi parecer.

H50MUAM. ¿Queda mucho por descubrir o investigar?

A. Por supuesto, y no solo en el campo de la musicología, afortunadamente. Más aún, en el ámbito de las ciencias naturales, suele ser más claro cuando un nuevo estudio supera a uno anterior. Pero, en el campo de las artes, las humanidades y las ciencias sociales, si bien esto ocurre, muchas veces un nuevo estudio aporta simplemente un punto de vista diferente, pero que no necesariamente implica la obsolescencia de los estudios anteriores sobre el mismo tema. Por ejemplo, si encuentro la partida de bautismo de Santiago de Murcia y esta permite desmentir las fechas que se habían propuesto para su nacimiento, puedo decir que este trabajo superó a los anteriores en este aspecto específico. Pero, en cambio, si propongo, a partir de los nuevos datos recabados, que el caso de Murcia confirma la hipótesis del historiador Nicolás Morales de que, a comienzos del siglo XVIII, existía una disociación entre el estatus social del músico y el estatus artístico que se le atribuía, esto siempre podrá ser discutido y revisado, como toda interpretación. Esto hace rico y al mismo tiempo complejo el campo.

H50MUAM. ¿Y particularmente en América Latina?

A. Hay aún muchas lagunas que dificultan que nuestras interpretaciones de la vida musical sean más “densas”, en el sentido que propone el historiador Peter Burke. En el caso colonial, por ejemplo, faltan no solo más revisiones de fuentes históricas, sino también un mayor desarrollo del análisis musical, en todas sus dimensiones, como ha vuelto a denunciar Leonardo Waisman en su último libro. Pero se ha hecho un gran trabajo que lleva ya varias décadas, desde los primeros estudios de Stevenson (si no antes), hasta investigaciones más recientes como las de Javier Marín, Egberto Bermúdez, Bernardo Illari y tantos otros. Sabemos cada vez más sobre la vida musical urbana y el ámbito no solo religioso, sino también doméstico y público. El campo es vasto y requerirá de nuevas investigaciones en las décadas que vienen. Ningún investigador o grupo de investigación será capaz de abarcarlo por sí solo.

H50MUAM. ¿Cuánto de “eurocentrista” es la musicología?

A. Ciertamente, una parte importante de los conceptos, marcos teóricos y métodos que usamos se originaron en Europa. Sin embargo, y especialmente en el caso latinoamericano, diría que ha sido muy fuerte la influencia de los Estados Unidos, particularmente en las dos últimas décadas. No solo las teorías postmodernas se han introducido en la musicología latinoamericana desde allí; también pienso que el gran auge de los estudios de música popular tiene que ver con la influencia norteamericana. Pero hay corrientes y tradiciones de investigación locales, con las que necesariamente entran a dialogar las influencias foráneas. Por ejemplo, en Brasil los estudios de música popular se iniciaron en forma paralela –si no anterior— a los Estados Unidos. En Argentina, por otra parte, ha existido desde hace años un desarrollo de la teoría y el análisis musical que no se ve en otras partes del continente. De manera que las influencias son diversas. Por último, comparto la premisa de que debemos estar vigilantes ante la posibilidad de que el eurocentrismo, el nacionalismo y otros “ismos” puedan introducir prejuicios indeseables en nuestras investigaciones, pero también hay que reconocer que ni el eurocentrismo ni el nacionalismo son las únicas ideologías que pueden sesgar una investigación y, al mismo tiempo, que ningún investigador puede estar libre de condicionamientos ideológicos y culturales. Se trata entonces de aceptar esta limitación intrínseca al ser humano y trabajar con ella. De hecho, puede incluso transformarse en un problema de investigación, como los etnomusicólogos han puesto en evidencia hace ya tiempo.

H50MUAM. ¿Entre musicólogos hay más competencia o colaboración?

A. Sería hipócrita pretender que no hay competencia alguna, máxime cuando la predilección actual de las universidades por la evaluación cuantitativa hace que los investigadores busquen tener cada vez más proyectos y publicaciones. Además, los puestos permanentes para musicólogos suelen ser escasos y hay muchas personas de mérito que deben esperar largos años para tener uno o resignarse a vivir en una condición laboral precaria. Pero creo que en esto hay poner sensatez e intentar que primen ciertas convicciones por encima de lo que la norma dicta. Por ejemplo, si no tengo algo realmente interesante que aportar, es mejor dejar la publicación para más adelante, cuando la investigación esté más madura, aun si mi colega publica tres artículos ese mismo año. Estoy consciente de que esto es más fácil decirlo y hacerlo cuando tienes una posición estable en alguna universidad o centro de investigación que cuando estás intentando abrirte paso en el mundo laboral. Pero, si no se ve de esta forma, se corre el riesgo, como decimos en Chile, de “poner la carreta por delante de los bueyes”. Aun me sigue choqueando ver a investigadores recién egresados calcular cuánto necesitan publicar para poder ingresar en el sistema de investigación y cómo hacerlo en el menor tiempo posible. Por otro lado, me gusta mucho el deporte, aunque nunca haya podido practicarlo tanto como quisiera, y pienso que constituye un ejemplo a seguir en este sentido. Federer pierde una final ante Djokovic, Nadal está ad portas de alcanzar su récord de grand slams y, aun así, el tipo les saluda en la red cuando termina un partido y afirma que se alegra genuinamente por los éxitos de ambos. En fin, todo lo que he descrito no impide que yo mismo haya colaborado con otros colegas en diversos proyectos y publicaciones, así que diría que una competencia caballerosa y sensata puede combinarse con la colaboración entre pares.

H50MUAM. ¿Cómo se podría ayudar a la investigación musicológica?

A. En el caso de Chile, enseñando más y mejor música en los colegios. La educación musical escolar siempre ha sido muy precaria y ahora, para colmo, es una asignatura optativa en buena parte del ciclo. Tenemos cada vez más gente que oye música y cada vez más música sonando en todas partes, pero quizá cada vez menos sujetos capaces de entenderla como un medio no solo para el placer, sino también para la reflexión y el goce estético en sus múltiples sentidos. Sin embargo, para que eso sea posible, también la musicología tendría que tomar un rol mucho más activo al momento de delinear el currículum de música en las instituciones escolares, algo que, hasta ahora, ha sucedido escasamente. Además, pienso que el Estado debería fomentar más decididamente aquellos tipos de música que casi no tienen lugar en el dial, como la música clásica, la música tradicional y la música popular local, que cuenta con poco espacio para la difusión. Dicho sea de paso, mañana (sábado 30 de noviembre) es el último día de transmisión de la única radio existente en Chile que estaba dedicada principalmente a la música clásica. Por tanto, a partir de diciembre, no habrá medio alguno en el país que transmita este tipo de música de manera preferente, algo muy triste para cualquiera que ame la música en su inmensa vastedad.

H50MUAM. ¿Se sigue sorprendiendo con la música?

A. Es lo que más me sorprende después de mis hijos. Incluso una misma obra o canción se vuelve una caja de sorpresas si la escuchamos más de una vez. Sigo pensando que no he conocido nada más bello en este mundo, aunque su hermana la poesía le siga muy de cerca.

H50MUAM. Si tuviera que llevarse a una isla desierta una obra musical, ¿cuál sería?

A. Es imposible responder a esa pregunta. Hay tantas obras y canciones de diversa índole que quisiera llevar que no podría escoger una. Más bien preferiría llevarme conmigo a personas con quienes pudiésemos cantar a coro y hablar de música, entre otras cosas.

H50MUAM. ¿Cuáles son sus proyectos en un (a) futuro?

A. Tengo un proyecto sobre la música en la catedral de Lima, que se está iniciando. Espero llevarlo a buen puerto y poder aportas cosas nuevas sobre esta institución, que ya ha sido estudiada, pero que aún guarda secretos por develar. Por lo demás, no tengo muy claro qué líneas voy a seguir en los próximos años. Me gustaría que siguieran vinculadas con los siglos XVI a XVIII, pero aún estoy pensando qué énfasis les voy a dar. Dos aspectos que me parecen potencialmente interesantes son los vínculos entre escritura y oralidad, y entre análisis histórico y musical, pero no tengo nada decidido.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *